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Manuel Belgrano en familia

La vida familiar y el entorno social del prócer indiscutido de Mayo de 1810 se revelan en este estudio historiográfico realizado por la Licenciada en Historia Susana Frías. La fuente de la presente investigación fue el Archivo Histórico de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced.

Un joven Belgrano, según el retrato póstumo del artista Jorge González Moreno.

El caso de Manuel Belgrano es muy particular, ya que existen innúmeras biografías, artículos, y libros que enfocan distintos aspectos de su vida pública. Asimismo, pueden hallarse algunas genealogías de su prolífica familia, de la que él fue el gran ausente –no tanto por propia voluntad, sino por el cumplimiento del deber–. Decía de Belgrano un comerciante tucumano que “era tal la abnegación con que se entregó a la libertad de su patria, que no tenía un momento de reposo; nunca buscaba su comodidad: con el mismo placer se acostaba en el suelo o sobre un banco, que en la mullida cama”.

El archivo parroquial de Nuestra Señora de la Merced guarda información muy completa de la familia Belgrano, cuyo registro comienza con el bautismo de la primogénita, María Florencia, y prosigue con los de los otros 14 hermanos, incluido Manuel. Se hallan también las partidas de matrimonio de varios de los hermanos de Manuel, y las de bautismo de 45 de sus sobrinos; hay además registro de los casamientos y de las defunciones de algunos de éstos, gran parte de las últimas ocurridas durante la infancia. También se conserva la partida de muerte del propio Belgrano.

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús nació en el hogar de un próspero comerciante italiano afincado en Buenos Aires y casado con la santiagueña María Josefa González Casero: por ella resultaba primo de Juan José Castelli. Nacido séptimo hijo, vio la luz el 3 de junio de 1770, y fue oleado tres días más tarde –lo sostuvo en la pila Julián Gregorio de Espinosa, quien seis años más tarde se casaría con María Florencia, la mayor de todos los hermanos–. Con poca diferencia de edad nacieron Carlos José, que contrajo matrimonio con María Sánchez de Velazco; José Gregorio, que se casó con Casiana Cabral; María Josefa Juana; Bernardo José Félix Servando; María Josefa Anastasia; y Domingo Estanislao. Una de estas dos María Josefa contrajo matrimonio con el sevillano José María Calderón de la Barca, y fueron padres de 10 hijos; en cuanto a la otra, no hay datos sobre ella –de lo que puede inferirse que, como era asaz frecuente, falleció de corta edad y los padres asignaron el nombre a otra hija mujer–. En cuanto a Domingo, fue sacerdote y se ordenó de presbítero cuando Manuel aún se hallaba estudiando en España: fue el oficiante en muchos de los bautismos de los sobrinos de Manuel, su albacea y, más importante aún, el encargado de la educación de su sobrina, Manuela del Corazón de Jesús, la hija tucumana de Belgrano.

En 1771 nació Francisco José María, que fue elegido por el padre, junto con Manuel, para estudiar en España todo lo relacionado con el comercio: Manuel obedeció al mandato paterno, pero al regresar participó activamente de la vida política. Dos años más tarde nacía Joaquín Cayetano Lorenzo, que se casó con Catalina Melián; un nieto de este matrimonio, Carlos Vega Belgrano, desposaría en 1853 a Manuela Belgrano.

En 1775 nació otra hermana del prócer, María del Rosario, quien se casaría con el navarro Juan Bautista Dargain. Al año siguiente, los Belgrano bautizaban a otra mujer, Juana María Nepomucena, que contraería matrimonio con Ignacio Ramos Villamil y, una vez viuda, con Francisco Chas. En 1812, María del Carmen Ramos Belgrano se casó con el arequipeño Ignacio Álvarez Thomas, director supremo en 1815. Otra hija, Flora, fue desposada en 1820, dos meses después de la muerte de Manuel, por su tío, Miguel José Félix –nacido en 1777, había estudiado en España, donde se casó con María Bazán, y ya viudo regresó, convirtiéndose en profesor y luego director del colegio de Ciencias Morales–. Quedan por mencionar tres hermanos; de dos de ellos no se sabe casi nada: María Ana Estanislada, nacida en 1778, a quien sostuvo en la pila la mayor sus hermanas; y Agustín Leoncio José, que vio la luz tres años más tarde. La tercera fue Juana Francisca Buenaventura, cuyo matrimonio –no así su bautismo– fue registrado en los libros parroquiales en el año 1793, con José María Fernández de Acevedo; en ellos están también las sacramentaciones de 15 de sus hijos. En algunas genealogías, Juana Francisca aparece como “Francisca” a secas, y en los libros de este archivo, indistintamente como “Juana”, “Juana Buenaventura”, “Juana Ventura”, o simplemente con este último nombre.

Manuel Belgrano, según el retrato estampado en una miniatura realizada en Madrid, en 1793. Podría ser el retrato más fidedigno del prócer.

La primera ausencia

Manuel y Francisco llegaron a España en 1786. A diferencia de su hermano, Manuel no obedeció al padre y decidió estudiar Derecho: al momento de producirse la Revolución Francesa, recibía el diploma de Bachiller en Leyes. Cuatro años más tarde era distinguido al ser elegido como Presidente de la Academia de Derecho Romano de la Universidad de Salamanca, aunque la alegría de esa distinción debió haberse opacado por estar tan lejos en el momento en que nacían sus dos primeros sobrinos. Manuel iba ganando prestigio y reconocimiento, tanto como para que el pontífice Pío VI lo autorizara a leer libros prohibidos.

La lejanía no impidió que sus hermanos lo tuvieran presente, tanto que en 1791 Ignacio Ramos y Juana lo eligieron padrino de Manuel José María. En la partida se lee: “El padrino es residente en Madrid”, y también se aclara allí que lo representó su padre. En los dos años subsiguientes, mientras la Cancillería de Valladolid autorizaba a Manuel para el ejercicio de la profesión, en Buenos Aires nacían otros tres sobrinos suyos; sin embargo, más dolorosa debe haber sido la distancia frente a la noticia de la muerte de su padre. El joven Belgrano, ya convertido en un perfecto ilustrado, regresó entonces al país ostentando el cargo de Secretario Perpetuo del Consulado recién erigido por Carlos IV.

Manuel goza en esta época de las alegrías familiares: la primera, en el año 1794, cuando se convierte en padrino de Pedro de Alcántara, hijo de su hermana Josefa y de José María Calderón de la Barca. En los años subsiguientes, mientras nacían muchos de sus numerosos sobrinos, Belgrano desplegaba una febril actividad y lidiaba con los miembros españoles del Consulado, que se negaban a ver las ventajas del comercio libre. Empero, Manuel no se daba por vencido y pronto pondría por escrito éstas y otras ideas: primero, en las Memorias de la institución; más tarde, en el Telégrafo Mercantil –fundado por el virrey Joaquín del Pino–, o en el Semanario de Agricultura y Comercio.

También obtuvo permiso de la autoridad virreinal para fundar la Escuela de Comercio, primero, y las de Dibujo y Náutica, poco después; pero este sueño educativo acabaría en 1799, con la desaprobación de las iniciativas por parte de la Corona. Otros emprendimientos, como el de las escuelas gratuitas o el de las clases de agricultura para labradores, se verán también frenados por la incomprensión; no se interpretó, entonces, aquella sabia frase de uno de los escritos belgranianos: “En un pueblo donde reine la ociosidad, decae el comercio y toma lugar la miseria”.

La Invasión Inglesa de 1806–1807 dio a Manuel Belgrano nuevos ánimos, pues encontró que muchos compatriotas veían llegada la ocasión de desprenderse de la Corona española; fue ése el momento en que hizo sus primeras armas, pero –más importante aún– se dedicó con ahínco a estudiar táctica militar, arte que aplicaría más adelante en su carácter de Jefe del Ejército del Alto Perú. Mientras se velaban las armas, a fines de 1806, su hermano Carlos –quien había sido edecán del virrey en 1795, y luego comandante del puerto de Las Conchas– se casó con María Josefa Sánchez de Velazco.

El prócer en uno de sus retratos más célebres.

La segunda y definitiva ausencia

Entre 1807 y mayo de 1810, la actividad de Belgrano estuvo concentrada en la Independencia; y algunos de sus hermanos hicieron lo propio: el ya nombrado Carlos, José Gregorio, Domingo, y Joaquín. Debe ser el único caso en que cuatro hermanos –los tres últimos y él– participan del Cabildo abierto del 22 de mayo, y votan de manera similar por la deposición del Virrey. Éstos son años en los que Manuel comparte las alegrías familiares de nacimientos y bautismos con el trabajo mancomunado por la Patria; pronto, deberá alejarse nuevamente.

Desde fines de 1810 en más, su vida transcurrió, otra vez, lejos de la familia, y sus estadías en la ciudad fueron más que efímeras. A fines de 1810 partiría al Paraguay, y poco después de su regreso, al Alto Perú. Permaneció en el norte del país hasta mediados de 1814, cuando volvería para partir en misión diplomática a Londres. En ese lapso nacieron ocho nuevos sobrinos nietos; se casó su sobrina, María del Carmen, con Ignacio Álvarez Thomas; y su hermana Juana, ya viuda, contrajo nuevo matrimonio. Estaba en viaje cuando moría su hermano Carlos. Volvió en 1815, y ya en mayo se encontraba en Tucumán, exponiendo ante el Congreso su plan para coronar al Inca y su misión diplomática. Aún estaba en aquella ciudad cuando falleció su hermana María del Rosario. No regresó a la ciudad porteña hasta que ya, muy enfermo, logró que el Gobierno lo relevara de su cargo de Comandante del Ejército.

Manuel Belgrano murió el 20 de junio de 1820, mientras tres gobernadores se disputaban la autoridad de Buenos Aires. Cuando se dice que murió solo, se hace referencia al mundo de la política, ya que su entrañable familia estaba con él.

Susana Frías, Lic. en Historia, en colaboración con Viviana Bartucci