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«La Argentina necesita doblemente un plan económico»

El economista Gustavo Neffa consideró “fuera de lugar” la discusión sobre la necesidad de un programa económico para el país. “Incluso en el marco de la pandemia, otras economías se diferencian de la argentina por un mayor grado de libertad, una mayor independencia, un mayor nivel de reservas y una mayor estabilidad, tanto en lo monetario como en lo fiscal. Por eso nuestro país va a requerir de un plan económico por partida doble”.

“La solución de las Leliq fue una promesa de campaña no cumplida” (Gustavo Neffa)

Gustavo Neffa es Licenciado en Economía de la Universidad de La Plata y Master en Dirección Bancaria del CEMA en conjunto con el MBA de la Universidad de Rochester, Nueva York. Asimismo, es socio y director de la consultora financiera Research for Traders, donde lidera un equipo de 7 analistas de mercados. También es socio y gurú en el sitio de educación financiera e ideas de inversión FIN GURU (www.fin.guru)

–¿Qué opinión le merece el reciente acuerdo por la reestructuración de la deuda pública?

–Es difícil encontrar un impacto directo del acuerdo entre el Gobierno y los acreedores, en el contexto actual de debilidad de la economía argentina. Recordemos que nuestro país está encaminado a una caída del PBI del 12%, esto es, una caída mucho mayor que las de sus pares de la región. A su vez, el “rebote” del año que viene apenas sería de 4% o 5%, contra otras economías que rebotarían mucho más que la nuestra. El acuerdo podría quitarle presión al tipo de cambio, no obstante, la presión al alza podría resurgir. Recordemos que la Argentina tiene un cepo cambiario y múltiples tipos de cambio con diversas regulaciones que impiden el normal acceso al Mercado Único y Libre de Cambio (MULC), donde el Banco Central (BCRA) otorga dólares a aquellos que los requieren (hoy reservado básicamente para las importaciones, por un lado, y para el repago de deuda, por el otro). Así que, en un país normal, el acuerdo podría haber tenido un impacto directo; pero la Argentina, por más que arregle con sus acreedores, no tendrá un normal acceso al mercado de deuda voluntaria, como sí lo tuvieron otros países vecinos (Chile, Uruguay, Colombia, Perú, Brasil…), que han logrado solventar muchos de los excesivos gastos gubernamentales de la pandemia sin emitir. En cambio, la Argentina ha transferido del BCRA al Tesoro gran cantidad de dinero bajo la forma de emisión. Lo que sí genera el acuerdo es un poco más de optimismo, después de ocho largos meses de negociaciones durante las cuales los avances habían sido efímeros.

–¿Cuál debería ser la política cambiaria y de tasas en el contexto actual de mega-emisión monetaria y de altos niveles de inflación?

–Mucho se habló en el pasado de la “bola de nieve” que se había formado con las Leliq (Letras de Liquidez del Banco Central). Ese pasivo remunerado que emite el BCRA como instrumento de política monetaria dispuesto para regular las tasas de interés, la absorción de pesos y, por ende, la inflación futura, hoy vuelve a estar en el centro de la escena –si bien no es el principal problema–. En una devaluación, el BCRA, que tiene activos en dólares, gana solvencia frente a los pasivos que emite; pero no podemos pensar en una política monetaria del BCRA sin poner en foco la solución futura del problema de las Leliq. Dicha solución fue una promesa de campaña no cumplida pues, dadas las circunstancias, se requirió de una mayor asistencia del BCRA al Tesoro a través de la emisión de títulos y, a su vez, de pura emisión monetaria. Hubo que asistir al Gobierno a través de transferencia de utilidades, o de transferencias directas al fisco, para poder solventar el mayor déficit fiscal. El déficit fiscal estimado para este año es, en porcentajes del PBI, de 7% en el resultado primario y de -10% en el resultado financiero. Son cifras que nos remontan al año 1.975: es un déficit fiscal histórico para un país que no tiene acceso al mercado voluntario de deuda. Con lo cual, el programa monetario requerirá de una estabilización del tipo de cambio a través de la baja del gasto y de la presión fiscal, como para permitir la generación genuina de divisas y de esos dólares que en su momento se captaban desde las inversiones de portafolio o desde el endeudamiento externo en moneda extranjera. Ése es el único camino que tiene la Argentina para proyectarse hacia adelante. Se requiere de una gran asistencia al sector privado bajo la forma de incentivos, no directos sino indirectos; esto es, no a través de subsidios sino de señales claras de que se quiere competir de igual a igual con el resto de los países. ¡A no desaprovechar esa oportunidad que hoy nos permite tener un tipo de cambio competitivo!

“Aunque arregle con los acreedores externos, la Argentina carecerá de la herramienta del endeudamiento para financiar la expansión del gasto, instrumento que sí tuvieron los demás países de la región” (Gustavo Neffa)

–El presidente Alberto Fernández desestimó el planteo de un programa económico integral. ¿Influye esta posición política en el ánimo de los inversores?

–La discusión acerca de si la Argentina necesita o no un plan económico para sobrellevar esta pandemia está totalmente fuera de lugar: por supuesto que el país necesita un programa económico. La Argentina necesita un rumbo: necesita saber cómo seguirán sus tasas de inflación, sus tasas de interés y su mercado cambiario. En definitiva, una vez pasada la pandemia, el país requerirá de un plan de estabilización. Obviamente, hoy es preciso asistir a aquél que menos tiene, pero no por ello se pueden dejar de establecer los parámetros básicos de un plan económico con vista a los próximos 5 años, para volver a crecer. La Argentina tiene un tipo de cambio competitivo, pero eso no significa que genere las condiciones como para poder exportar. La única salida económica es la salida exportadora: este tipo de cambio nos favorece, pero las retenciones y la presión impositiva son excesivamente altas. A su vez, el cepo cambiario impide el acceso a nuevas fuentes de financiamiento para el sector público, y sobre todo para el sector privado. Es necesario impulsar la inversión y, a su vez, dinamizar las exportaciones y permitir un crecimiento por el lado de la demanda agregada externa. La Argentina necesita un plan de estabilización, básicamente, para contener a la inflación. No se contiene la inflación si no está contenido el Dólar, y el Dólar requiere de ciertas guías de tranquilidad hacia los inversores, hacia los mercados; guías de respeto a las reglas de juego, que deberían formar parte de un plan económico orientado a estabilizar la tasa de inflación para permitir el crecimiento –siempre basado en el incentivo a las exportaciones–. Por eso, una rebaja de impuestos que disminuyera la presión impositiva sería un eje para empezar a menguar la preponderancia del sector público en la demanda agregada. Eso haría que el sector privado volviera a ganar fortaleza, confianza; que los inversores pudieran invertir, que los consumidores pudieran consumir, y que hubiera un mercado de capitales dispuesto a financiar este plan.

–¿Qué estrategia inversora propone de cara al reciente acuerdo negociado con los acreedores?

–La Argentina obtuvo un histórico acuerdo en torno de la restructuración de su deuda, aunque todavía falta sellarlo definitivamente en términos legales. El Gobierno, que fue elevando sistemáticamente su oferta, junto con los acreedores, que fueron bajando sistemáticamente sus pretensiones, lograron un principio de acuerdo. Finalmente, se dará un punto final a esta “novela” que nos ha traído más de un día de volatilidad en los mercados. Sin embargo, el inversor debe extremar sus cuidados, porque si bien las noticias son positivas, ya podrían estar descontadas en los precios. En tal sentido, si miramos a mediano plazo, quedan muchas oportunidades por descubrir en varios de los papeles argentinos, que hoy cotizan realmente a valores muy bajos. Un Merval valuado por debajo de los 300 dólares, a valor contado con liqui, siempre representa una oportunidad de compra: en ese valor estaba el índice de la Bolsa porteña entre marzo y abril pasados. Ahora, a partir del driver positivo de la reestructuración de la deuda y ya superado lo peor para la actividad económica, que fue el segundo trimestre, el Merval en torno de los 400 o 420 dólares ofrece una posibilidad de acercarse a la zona de los 500 dólares: lejos, de todas formas, de las valuaciones que había alcanzado en 2018, aunque por entonces con un tipo de cambio totalmente inflado. El actual es un tipo de cambio más competitivo, pero con muchas restricciones. Atención entonces, de ahora en más, con la evolución de los activos de renta variable, que ofrecerán muchas oportunidades, aunque no sin volatilidad. En cuanto a los bonos, el ahorro considerable obtenido con el acuerdo de la deuda le permitirá al país crecer, y al fisco disponer de ciertos ingresos por dejar de pagar intereses y amortizaciones. Obviamente, es una oportunidad que la Argentina tiene hacia adelante como para hacer posible un mayor crecimiento de su economía.