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Hombres de Mayo en familia

La Licenciada en Historia Susana Frías continúa, en esta segunda nota, con el estudio historiográfico sobre la vida social de los héroes de 1810. La fuente para la investigación fue el Archivo Histórico de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced.

En la nota anterior habíamos hablado de los dos miembros más jóvenes de la Junta provisional; en éste, dedicaremos la atención a otros tres miembros de ella: el único sacerdote que formó parte de la misma, el presbítero Manuel Alberti; el segundo miembro español, Domingo Matheu; y un criollo, hijo de un próspero panadero y descendiente por parte materna de célebres vecinos de la ciudad de Buenos Aires, el doctor Juan José Paso.

El sacerdote

Podemos preguntarnos cuáles fueron las motivaciones que llevaron a incorporar un miembro del clero a una institución de carácter político, y, como siempre, la respuesta no es sólo una. En los tiempos prerrevolucionarios eran frecuentes las quejas de los criollos que veían vedado su acceso a los cargos de gobierno, ocupados por peninsulares. Con el desplazamiento de toda la burocracia ultramarina, la Revolución invirtió los papeles, aunque generó el problema de quiénes ocuparían esos espacios, ya que no eran muchos los que estaban capacitados para ello: necesariamente debían saber leer y escribir, además de estar consubstanciados con la causa. Comerciantes, militares, sacerdotes, médicos y abogados eran los más acreditados para llenar el vacío. Manuel Máximo -también Maximiano- Alberti fue uno de ellos, aunque no era el único párroco porteño que simpatizaba con las nuevas ideas. El titular de Catedral al Norte -La Merced- era Julián Segundo de Agüero, quien también podía acreditar patriotismo, por lo que se le asignaron importantes responsabilidades inmediatamente después del 25 de mayo.

MANUEL ALBERTI. El presbítero bautizó en la parroquia de Nuestra Señora de la Merced a Eusebio Mariano, hijo del presidente de la Junta, Cornelio Saavedra. El padrino fue otro ilustre patriota, el vocal Juan Larrea.

Párroco de San Nicolás de Bari en 1810, Manuel Alberti había nacido en la ciudad el 28 de mayo de 1763; fue bautizado en La Concepción, y sus padrinos fueron sus tíos segundos Juan Javier Dogan y su esposa Isabel de Soria, futuros abuelos de Juan Martín de Pueyrredón. Aunque la familia fue numerosa, como se verá, nuestros libros de parroquia sólo nos hablan de dos de sus hermanas mujeres; la vecindad de la casa paterna a aquella parroquia hace pensar que sus registros guardan mayor información sobre la familia.

Alberti cursó sus estudios en Córdoba y, ya de regreso y ordenado presbítero, comenzó su actuación sacerdotal en la parroquia en que había sido bautizado; fue trasladado luego a Magdalena y, muchos años después, enviado como pastor a la parroquia de San Fernando de Maldonado en la Banda Oriental. Allí lo sorprendió el desembarco inglés en octubre de 1806; el párroco asistió en forma permanente a sus feligreses y dio sepultura a los muertos, lo que le ocasionó problemas con el invasor.

Dos años más tarde, Manuel estaba ya en Buenos Aires al frente de San Nicolás. Junto con el párroco de Montserrat, Juan Nepomuceno Solá, y el presbítero, Ramón Vieytes, participaron del Cabildo abierto del 22 de mayo, y coincidieron en sus pronunciamientos por el desplazamiento del Virrey. Tal vez por esto, o por su actuación en Maldonado, o bien por su reputación como párroco, haya resultado elegido miembro de la Junta. Contaba entonces 47 años. Su actuación fue muy breve, ya que ocho meses después –el 1° de febrero de 1811– fallecía en su casa parroquial. Fue así el primer miembro de la Junta que hubo de ser reemplazado.

Cuando aún no se habían manifestado grandes discrepancias en el seno del nuevo Gobierno, le cupo a Alberti bautizar –el 17 de agosto de 1810, en nuestra parroquia– a Eusebio Mariano, hijo del presidente de la Junta y de su esposa, Saturnina Otálora; el vocal, Juan Larrea, fue el padrino del niño. Como se dijo renglones más arriba, son pocas las referencias familiares que atesoran los libros de nuestra parroquia: todas ellas posteriores a la muerte del sacerdote. Su hermana Matilde se había casado con el cordobés Basilio Torrecillas; en 1823, su hija Pastora contrajo matrimonio en esta Parroquia con el gallego Juan Rama. Los novios habían sido padrinos de un bautismo el año anterior. Otra de las hermanas de Manuel, Juana María, se había casado con Juan Burgada, de familia santafecina. En 1834, esta señora sostuvo en la pila bautismal de La Merced a una sobrina de su esposo. Su deceso, ocurrido a los 85 años -edad más que avanzada para la época- ocurrió en 1841, ya viuda. La partida lleva como anotación marginal su calidad de “pobre”.

Un comerciante catalán

Domingo Bartolomé Francisco Matheu tenía 44 años cuando fue elegido miembro de la Junta provisional de 1810; falleció veintiún años más tarde, el 21 de marzo de 1831, y fue enterrado en la Recoleta. En la partida existente en este archivo consta que tenía 66 años y que pertenecía a la feligresía parroquial: vivía en Florida, entre Sarmiento y Corrientes. Había llegado a Buenos Aires desde el pueblo de Mataró, ostentando el título de Piloto mayor y en pos de nuevos horizontes comerciales. En 1804 ya pertenecía al Consulado, era gran defensor del libre comercio, y poseía un importante patrimonio. Su condición de español no fue obstáculo para que tempranamente abrazara la causa patriótica, aunque mantuvo siempre viva su condición de catalán. Por ese motivo combatió en 1806 en el cuerpo de Miñones, bajo las órdenes de su compatriota Juan Larrea; al año siguiente le tocó reemplazar a su jefe, y su actuación le valió un ascenso. Estos hechos, sumados a su actuación en el Consulado, donde defendió la libertad de comercio, fueron antecedentes para su nombramiento como vocal de la Junta.

DOMINGO MATHEU. En el acta de defunción del comerciante catalán puede observarse, sobre el margen izquierdo, la corrección posterior del nombre de su esposa, que era “María Ventura”, y no “Ventura Diana” como se registrara originalmente..

El círculo de las amistades de Matheu fue asimismo de origen catalán, como en el caso de Juan Bayá, casado con María Eugenia Canaveris. Prueba de esa relación son los bautismos de María Juana Josefa de la Candelaria, en 1806; de Domingo Mariano, en 1807; de Juana María Josefa -nacida en 1809-; y de María Antonina, en 1811; todos ellos ahijados de Matheu. Don Domingo se casó en la parroquia de San Nicolás con María Ventura Diana, quien lo sobrevivió hasta el año 1852. Tanto su partida de defunción como las de bautismo de algunos de sus hijos se hallan corregidas por orden de la Notaría Eclesiástica o de juzgados civiles, dada la incorrecta anotación de los apellidos; dichos cambios se hicieron a partir de 1910. El matrimonio Matheu Diana fue prolífico según las constancias bautismales de este Archivo; algunos de sus hijos se casaron en La Merced y bautizaron en ella a sus descendientes.

El mismo año en que Matheu pedía el retiro de la vida militar nació Domingo Fernando, por el mes de junio de 1817, y fue bautizado en agosto. Su hermana, Francisca Antonia del Corazón de Jesús, nació en octubre del año siguiente y fue bautizada un mes después. En 1838, una huérfana fue dejada en los portales de la casa paterna; doña María Ventura la hizo bautizar y su hija salió de madrina. El 24 de mayo de 1820 nació Leocadia Robustiana, bautizada en junio de ese año; y en 1837 se casó con el cordobés José Barros Pasos, quienes bautizaron en la Parroquia a sus vástagos. En octubre de 1821 fue bautizada Juliana Paula, que había nacido en el mes de agosto; y dos años más tarde, su hermana, Ventura Egidia. En enero de 1826 vio la luz Domingo Martín; en 1828, Baldomero Domingo; y en marzo de 1830, Baldomera Eulogia, quien 22 años más tarde contrajo matrimonio con el cordobés Calixto Olmedo –fue testigo del casamiento su cuñado, Barros Pasos, en momentos en que era rector de la Universidad, según consta de la partida–. También este matrimonio bautizó a sus hijos en La Merced y, en todos los casos, fueron apadrinados por alguno de los tíos paternos.

Don Domingo Matheu trabajó hasta el fin de sus días: dirigió la fábrica de fusiles que el gobierno había instalado para proveer de armas a las tropas revolucionarias, y luego actuó como Comisario de Vestuarios. Recién se retiró en 1829.

Maestro, doctor y patriota

Juan José Esteban Paso fue bautizado por un fraile franciscano el 7 de enero de 1758, a los cinco días de edad. Era el tercer vástago de Domingo Paso -natural del lugar de Ribas de Mar, feligresía de San Pedro de Burgallido, arzobispado de Santiago de Galicia- y de María Manuela Fernández Escandón, hija de un mercader español y descendiente por parte materna de importantes y antiguos vecinos de la ciudad de Buenos Aires, quienes habían contraído matrimonio el 8 de marzo de 1755 y vivían en las actuales calles Alsina y Defensa, frente a la iglesia de San Francisco.

JUAN JOSÉ PASO. El bautismo del patriota, el 7 de enero de 1785, es el único registro de su persona en los libros parroquiales de Nuestra Señora de la Merced. No se casó ni tuvo hijos legítimos.

Al igual que sus hermanos, el joven Juan José fue alentado por don Domingo para realizar sus estudios. Mientras que su hermano menor, Mariano José, abrazó la carrera eclesiástica –fallecido a los 26 años, en 1787–, nuestro personaje se decidió por la carrera de Leyes. Ildefonso y Francisco también estudiaron: ambos asistieron al Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810; el primero fue ayudante del primer batallón de patricios durante las invasiones inglesas y tuvo activa participación en la política porteña. Aparte de los varones, los libros parroquiales revelan la existencia de dos hermanas, María Dominga y María Buenaventura, bautizadas el 4 de agosto de 1759 y el 15 de julio de 1764, de dos días y un día de edad respectivamente.

Maestro en Filosofía y doctor en Sagrada Teología, nuestro personaje fue profesor de Juan José Castelli y de Manuel Belgrano en el Real Colegio de San Carlos, y en Chuquisaca se recibió de abogado. Como tal, en Buenos Aires representó los intereses de los comerciantes criollos. Su formación le permitió responder en el Cabildo Abierto del 22 la objeción del fiscal de la Audiencia sobre la conveniencia de formar una junta en Buenos Aires, y su contacto con los comerciantes fue influyente en su elección como secretario de Hacienda del primer gobierno patrio. En julio de 1811, semanas antes de que el gobierno le encomendara –junto a los diputados Gregorio Funes y José Julián Pérez– trasladarse a Montevideo y gestionar un cese de hostilidades con el virrey Elio, fallecía su madre de modo repentino, según consta en la partida de defunción. La muerte de su padre, siete años después, lo encontraría en Buenos Aires ejerciendo el cargo de diputado del Congreso General Constituyente. Éste, reunido inicialmente en Tucumán antes de la declaración de la independencia, culminó con la redacción de la constitución unitaria de 1819.

Concentrado desde joven al estudio y la política, Juan José no contrajo matrimonio. No aparecen por tanto registros de hijos suyos en los libros parroquiales. Tampoco de ahijados. Consagró su vida a la patria: en varias ocasiones, viajó en representación de la misma a España, Montevideo y Chile; asimismo, ejerció cargos de gran responsabilidad, como triunviro, asesor de gobierno, y auditor de guerra. Murió el 10 de septiembre de 1833.

Susana R. Frías, Lic. en Historia,
en colaboración con Viviana Bartucci