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Declaración de la Independencia

En conmemoración del acto institucional más importante en la historia argentina, desde la Bolsa se evoca este hecho fundacional en el que se aspiraba a una unión americana mayor entre los territorios de América del Sur, se asumía la soberanía plena y se tomaba la audaz y esperada decisión de sellarla con un Acta.

«¿Hasta cuándo esperamos para declarar la Independencia? ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional, y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos?», escribió desde Cuyo José de San Martín a Tomás Godoy Cruz, representante de Cuyo en el Congreso reunido en Tucumán.

San Martín se encontraba preparando al Ejército que cruzaría Los Andes y no escondía su impaciencia porque de una vez por todas los diputados de las Provincias Unidas del Río de la Plata reunidos en San Miguel de Tucumán, declararan su independencia del gobierno español para las provincias de Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia, cosa que sucedió el mítico 9 de julio de 1816.

Acta de Independencia

El Acta de la Independencia original fue escrita en español y en quechua. Los historiadores coinciden en que el idioma de los pueblos originarios del Norte y del Alto Perú tenían una fuerte presencia e influencia; de hecho, el autor del Acta fue el congresal José Mariano Serrano, de Chuquisaca. Para difundir la noticia, en su momento, el Congreso imprimió 3.000 ejemplares, de los cuales 1500 estaban escritos en castellano, 1.000 en quechua y 500 en aymará.

El sistema monetario antes y después del Rey

Según narra Rafael Olarra Jiménez, respetado intelectual de la economía y el derecho, en su trabajo “Evolución monetaria argentina”, publicado por EUDEBA, “al producirse la Independencia persistió el funcionamiento del sistema monetario colonial con la única variante de que el 13 de abril de 1813, la Asamblea dictó un decreto ordenando la acuñación de nuevas monedas, con idénticas denominaciones, peso y ley que las antiguas, pero con los emblemas patrios en lugar del cuño real. Curiosamente, estas piezas fueron resistidas por el público que, acostumbrado a las anteriores, no les otorgaba su confianza ni la aceptabilidad amplia que caracterizan el dinero.

Fue así necesario que el 28 de julio se dictase un nuevo decreto que “ordena y manda que todos los ciudadanos, estantes y habitantes en el Territorio del Estado hayan, reciban y estimen por moneda corriente, con el mismo valor intrínseco y legal que habían, recibían y estimaban las de igual clase acuñadas hasta el presente, por tener igual peso y ley que ellas, sin que puedan dejar de recibirse como tales, bajo las penas establecidas para iguales casos”. Esta norma constituye, sin duda, una concreta declaración de curso legal de la moneda. La primera en la historia argentina y referida, repetimos, a las monedas metálicas con los nuevos cuños.

4 Reales / 8 Escudos.

Las primeras acuñaciones ordenadas por los gobiernos patrios se encargaron a la “ceca” de Potosí. Éstas se iniciaron en julio de 1813 y se interrumpieron en noviembre, después de la derrota de Ayohuma. En 1815 se reanuda para terminar, esta vez definitivamente, cuando se pierde el Alto Perú a raíz de la batalla de Sipe-Sipe. Desaparecida así, casi inmediatamente, la fuente de aprovisionamiento de metálico, ello había de conducir —conjuntamente con la inexistencia de saldos favorables en el comercio exterior—, a la necesidad de apelar al papel moneda. Esta penuria de metálico explica también la proclividad a la inconversión que muestra la historia monetaria nacional.”