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Un coloso centenario

En el año 2013 se cumplieron 100 años del inicio de la construcción de el Edificio de la BCBA.

Imagen histórica de la BCBA en 1916 (AGN)

A simple vista parecen hombres de negocios, dispuestos a entrar en la Bolsa de un momento a otro para ocuparse de sus inversiones. Sin embargo, al observar la imagen con mayor detenimiento, queda claro que si efectivamente hubieran ingresado por la puerta principal del Palacio Bues de obra y escombros tardíos. El joven peón parado en segundo plano –cuya mirada parece perderse en el Bajo durante un momento de descanso– completa esta escena de final de rsátil, los tres caballeros de traje y sombrero no habrían encontrado más que materialobra retratada en 1916, en un día previo y quizás próximo al de la inauguración formal del cuarto edificio de la BCBA: el 15 de diciembre de 1916.

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Hasta entonces, y desde 1885, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires había tenido su sede en la ochava de Rivadavia y 25 de Mayo, donde ahora se encuentra la casa central del Banco Nación. Según relata el libro editado con motivo del Centenario de la BCBA, a comienzos de la década de 1880 aquel lugar “resultaba ya pequeño” y se manifestó pues “el deseo de tener un local mejor todavía, construido en formas más amplias y aprovechando la experiencia acumulada”. Así, en 1913 fueron adquiridos tres inmuebles contiguos ubicados en las calles 25 de Mayo, Sarmiento y Paseo de Julio (hoy, Leandro N. Alem), a los que luego se añadió una cuarta propiedad para completar un bloque de 4.000 varas cuadradas (unos 5.700 metros cuadrados). De acuerdo con el libro del Centenario, “personas entendidas” y “arquitectos distinguidos” reconocieron en aquel predio “condiciones especiales para levantar un edificio monumental, con aire y luz abundantes por la circunstancia de tener tres extensos frentes”.

Cariño y orgullo…; cuidado y celo

A poco más de un año de haberse aprobado los planos, proyectos y presupuestos; ya iniciados los trabajos de demolición de las propiedades adquiridas; y una vez emprendidas las excavaciones para los cimientos, en agosto de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial. “La confrontación bélica tomó en pleno la ejecución de este nuevo edificio”, recordó el Arq. Alfredo Williams en ocasión de celebrarse el Cincuentenario del Palacio Bursátil. “Debemos considerar que antes, todos los elementos de la construcción se importaban. La mayoría de los materiales eran extranjeros. Mármoles, pisos, herrajes, broncería, techumbres, maquinarias, se importaban de Francia, Italia, Inglaterra y Estados Unidos”. Por cierto, la Gran Guerra y las alteraciones que ésta provocó en la estructura económico-financiera de la Argentina entorpecieron sensiblemente la concreción del emprendimiento edilicio; sin embargo, el resultado de tres febriles años de obra ininterrumpida sorprenderían a contemporáneos y sucesores: “La calidad de la construcción, como lo observáis todos los días, es óptima, y su ejecución conforma al más exigente de los profesionales –señalaba el Arq. Williams en 1966–. Todo está acariciado por el obrero que lo ejecutó, por el cariño y orgullo del artesano que lo hizo, hasta llegar a una depuración inobjetable en su realización”.

El 15 de diciembre de 1916, concluida la segunda rueda de títulos en la Bolsa Vieja de Plaza de Mayo, los socios de la institución, sus autoridades, y los comisionistas más antiguos salieron de aquel local por última vez. Por la calle 25 de Mayo, el nutrido grupo caminó las pocas que lo separaban del edificio nuevo, donde el entonces presidente Luis Zuberbühler encabezó un acto al que asistieron altas personalidades políticas y empresarias. Entre otros representantes de la prensa nacional, participaron del histórico acontecimiento los directores del semanario Fray Mocho: “El edificio de la Bolsa consulta con verdadera eficacia las necesidades a que debe responder –se publicaría luego en la revista–. Lo hemos recorrido detenidamente y nos ha causado la mejor impresión. Su distribución es admirable. Todas sus plantas se ven favorecidas por el aire y la luz. Las dependencias son amplias y elegantes. En los detalles de la construcción se descubre el cuidado y el celo con que ésta ha sido dirigida. En épocas de verdadera prueba para la economía nacional, la gran institución supo levantar la mirada hasta la altura de las verdaderas conveniencias nacionales. Ésta y no otra es la clave del enorme prestigio que rodea a este coloso formado al amparo de la confianza y del cariño popular”.

Prensa BCBA

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